lunes, 27 de julio de 2009

Nueva York para ignorantes




Cuando piensan que eres idiota todo es más sencillo. Es decir, nadie piensa que te estás equivocando, simplemente piensan que eres un idiota. Nada más. Ayer me tocó ser un poco más idiota de lo normal y mi problema no es que nadie pensara por mí y me dijera: "¡eh, chaval! eres un idiota". No, no tiene mucho que ver con terceras personas. Está más cerca de los séptimos. De esa escala que establece un orden ordinal a cualquier tipo de manifestación artística digna de ser ordinalizada. Del siete. No de esos que silban en las ventas si la faena no ha ido como debiera, no, de eso que llaman cine.

16:27 horas de la tarde. Domingo. El sol quema y mucho. Bares que no cierran y cafés ardiendo sobre la barra. Camareros poco habituales que dejan paso al descanso estival de quien, casi durante todo un año, ha compartido la costumbre a la no queremos faltar y la que muy pocas veces suele renunciar a ti. Un café. Da igual que ardan los coches y las fuentes se abarroten de niños comiendo helados que sueñan con cubos y palas llenas de arena. El café siempre te espera. O casi siempre. Dos colegas. Que últimamente, por circunstancias, han fallado a la costumbre (o puede que sea yo) se apuntan a meterse en una apacible sala de cine para pasar la tarde. Quizás la costumbre haya cambiado de barman.

18:15 horas. Minuto 0. Trailers: "Resacón en las Vegas", nos promete las mujeres más deseadas del mundo; el vicio, el deseo, la acción y la aventura. Acto seguido, "Gordos" una película de Daniel Sánchez Arévalo, nos manda de nuevo al barrio. 12.000 kilómetros en medio segundo. Maldecimos a la industria y a las chicas de autostop en camiseta por no dejar ni que adivináramos un trocito de ombligo. Créditos iniciales. "Nueva York para principiantes".

19:55 horas. Créditos finales. De vuelta al bar. A otro bar. Es aún de día. Sigue siendo domingo. Pero soy otra persona. El camarero amablemente me sirve un refresco y charla amigablemente conmigo: "¿Qué tal la película?". Sorbo el refresco pacientemente, paladeo el sabor dulce y el regusto amargo queda en mi garganta. Sacó un cigarrillo. Lo enciendo. Le miro. Me mira. Muevo la cabeza de un lado a otro. Y le digo: "¿Jugamos una diana?", él me responde que sí. Me gana. Le gano. Empatamos. Hay quien sólo gana una sola vez y no le sirve para nada. Me voy del bar.

Cuando llego a casa. No hay nadie. La televisión encendida y poco más. Quedan dos horas para que al menos el fútbol arregle este tedioso domingo. Otro empate. Las estrellas, se estrellan y los de siempre son los de siempre. Y marcan pero empatan. Y empatan pero, de nuevo, sabe a derrota.

Sin cigarrillos. Con el reloj en equilibrio y luchando contra la gravedad para apuntar al número más alto, y las ganas perdidas en el primer sorbo de café, me meto en la cama y cierro los ojos.

0:00 - 7:35. "hoy me soñé al despertar que te follaba sin parar" pero, a alguien se le ha olvidado llamarme idiota...

27 - VII - 2009
David Orea : ¿Qué hora es?

lunes, 29 de junio de 2009

Hacia rutas salvajes


Escribe: Roberto

Ya estoy aquí. Siento el retraso. Quizás los pocos que estabais ya os hayáis marchado. Tampoco importa.

Hace más de un mes que no escribo por aquí en el que han pasado varias cosas. Entre eso y mi tendencia a la dispersión no sé muy bien cómo organizar todo. Vamos a ello.

Entre las muchas estadísticas estúpidas que ofrece la televisión durante un partido de fútbol hay una que me llama bastante la atención. Se trata de una comparación entre el tiempo transcurrido de partido y el tiempo que realmente se ha estado jugando (restando los minutos en los que el balón ha estado parado, en saques de banda, protestas al árbitro, lesión de algún jugador…) Normalmente, de un partido que dura unos 95 minutos se juegan tan sólo 50.

En la vida pasa algo parecido. Existe una gran diferencia entre el tiempo pasado y el tiempo verdaderamente vivido. Una diferencia alarmante muchas veces y que es un leitmotiv de mi generación (llámenla X, Y o “la generación de la mano en los huevos” como la apela David”), los nacidos en la segunda mitad de los 80.

Una buena forma de que el tiempo vivido sea casi el mismo que el tiempo pasado, o lo que es lo mismo, de sentirsnos vivos, es viajando. Preferiblemente hacia rutas salvajes.

Podría hablar…Podría hablar de cómo se pone el sol desde las murallas de Essaouira, de negociar durante una hora y media un collar “para toda la vida” que apenas nos durará unos días, de cenar en el puesto 42 de la plaza Djama Le Fna en Marrakech, de los seis té con menta diarios, de los autobuses, los trenes y los burros, del desierto y las gargantas, de la gente, de la cercanía, de los lazos, de los curtidores de Fez, de extrañas Coreanas que encogen con la lluvia, de viajeras polacas que no paran de reir, de llamadas al rezo, de mujeres mirando al mar infinito desde la roca más alta de Asilah, de piernas de plástico, del tiempo y del espacio, de miseria y de alegría.
De la vida, en definitiva, 14 kilómetros al sur.

Podría hablar de todo esto pero ni yo tengo un diario de viaje ni a vosotros os interesaría abrirlo.

El otro día os decía que la vida es un soldado que antes de preguntar dispara, pues últimamente parece que tiene el gatillo sensible.
Pero ella no contaba con nuestra habilidad para esquivar las balas, ni con esa “estrellita pequeñita pero firme” que por suerte parece que no nos abandona.
Somos chicos fuertes y sabemos apretar los dientes.

Nos haremos colgantes con los casquillos.

Otra cosa más. Actualmente estoy trabajando con la ONG Jóvenes y Desarrollo y hace poco realizamos (con la ayuda de mi fiel escudero David) con los chicos de su "Iniciativa Solidaria" un cortometraje sobre el racismo. En un par de horas y sin guión ni nada parecido ayudé a los chavales a grabar un cortometraje con la idea de la igualdad y con la única pretensión de que tanto los que hicimos el corto (chicos de 15-16 años, servidor aparte) como quien lo vea reflexione sobre el tema 5 minutos. Os lo dejo aquí por si lo queréis ver.
Parece que está funcionando bastante bien ya que se están haciendo eco los medios, el otro día, por ejemplo, apareció el corto en CNN + (nadie entiende muy bien porqué nos ha hecho caso CNN + pero ahí estamos).






Último apunte: "Hacia rutas salvajes" es una película dirigida por Sean Penn que os recomiendo, además de por su calidad porque creo que más de uno se puede sentir identificado. Habla de la historia real de un chaval que al acabar la carrera no sabe que hacer con su vida (ya os dije que os podíais identificar) y decide recorrer Estados Unidos en busca de sí mismo y en busca de, al menos, una verdad. Una verdad que no os voy a destripar pero que tiene bastante que ver con una frase de Fernando Sánchez Dragó:

"Todo nómada necesita un campamento y todo campamento necesita una mujer".

PD: Michael, dale recuerdos a "El Rey".

lunes, 1 de junio de 2009

Cannes 2009 - 12+1 películas que resumen el festival


Cannes cierra un año más, pero esta edición del festival deja grandes piezas para el recuerdo. Películas que, seguramente, pasen inadvertidas una vez que se estrenen en España (si es que llegan a estrenarse). Me gustaría decir que estuve allí, pero lo que vais a leer es una mera traducción de un articulo aparecido en IndieWire, de alguien que si que estuvo en la ciudad. Son las 12+1 películas indispensables de Cannes.


Antichrist” de Lars von Trier
Cuando iba de camino al Palais para encontrarme con unos compañeros que salían de ver la ultima película de Von Trier me crucé con un jefe de distribución que también salia de verla. “¿Qué tal esta?” - pregunte, a lo que el contesto “Wow”. Mi siguiente pregunta era obvia, “¿Wow en plan bien o Wow en plan mal?” - “Simplemente Wow, es increíble”. Esto termino por despertar mi interés en la cinta. De hecho, anticristo demandaba atención de todo el mundo. La película tiene como protagonistas a Charlotte Gainsbourg (ganadora del premio a mejor actriz en Cannes) y Willem Dafoe, quienes se adentran a una cabaña en medio del bosque para tratar de reparar su matrimonio y sus corazones. Von Trier continuo la provocación en su rueda de prensa en el festival, donde llego a decir: “Soy el mejor director del mundo”. Al final IFC Films tiene planeado estrenar la película en Estados Unidos con el mismo (y extremadamente provocador) montaje con el que se estreno en Cannes.


A Prophet” de Jacques Audiard
Después de su estreno durante el primer fin de semana de Cannes, muchas apuestas señalaban la cinta de Audiard como la segunda palma de oro seguida para una película francesa (“La clase” había ganado el galardón el año pasado). Pero al final del certamen, “a prophet” termino con el segundo premio del jurado, el Grand Prix. La historia de gangters tiene lugar en una prisión francesa llena de enfrentamientos entre corsos y árabes. Rahim interpreta a Malik, un prisionero joven e ingenuo que se gana el favor del líder de los corsos y termina amasando cierto poder. Aunque no fue la gran ganadora del festival muchos espectadores la consideraron una obra maestra y consiguio recibir una gran cantidad de aplausos en la ultima proyección del día de premios, aun durando dos horas y media.


Dogtooth”, de Georgios Lanthimos

La película griega que ganó la sección “Un Certain Refard” y se gano los aplausos de todos los asistentes al festival que se atrevieron a salir de la sección oficial. Este drama es quizás una señal de advertencia para todos aquellos que creen en educar ellos mismos a sus hijos... La historia presenta a unos padres que mantienen aislados a sus hijos, bajo su única influencia, excepto por una empleada de su padre que acude a la casa para saciar las necesidades sexuales del hijo, hasta que un día la hija le da un regalo y le pide algo a cambio... O como Boyd van Hoeij escribió para su reseña en “Variety”: “Tres personas atrapadas en el universo alternativo dictado por sus padres”. Pensar en un eterno Gran Hermano, pero como si la casa la hubiese diseñado Lars von Trier.


Enter the Void”, de Gaspar Noe

Lars von Trier no fue el único cineasta de la competición en obtener un coro de aplausos y abucheos en el festival. Gaspar Noé consigo generar muchas conversaciones al rededor de su ultimo trabajo, en el que un hermano y una hermana llegan a Tokio. Oscar comienza a traficar con drogas y Linda se dedica al striptess en una discoteca. Al poco tiempo de empezar la cinta, uno de los protagonistas es disparado y la película toma un rumbo hacia el estudio de la muerte, siguiendo el espíritu del muerto, viendo flashbacks y memorias de una trágica vida; todo esto mientras volamos (como lo haría un fantasma) entre los rascacielos de Tokio, mostrando los dramas que la gente que es dejada atrás. La película muestra una contundente muestra de efectos digitales, bastante psicodelicos, y se basa en la música electrónica y los colores saturados para crear su ambiente. En conjunto, es una fascinante experiencia para ver en una pantalla de cine.

Go Get Some Rosemary”, de Josh & Benny Safdie
Una extraña película independiente firmada en América se colo en Cannes este año. “Go get some Rosemary” es la segunda participación consecutiva de los hermanos Safdie en el festival. El año pasado Josh mostró su “Pleasure of being robbed” durante la Quincena del Director y este año los dos hermanos fueron aclamados como “mascotas honorarias” de la seccion (y elogiados por Pere Olivere por recuperar el cine independiente norteamericano). Los espectadores de Cannes detestaron el titulo, pero como no se puede juzgar un libro por su tapa no debemos dejar pasar por alto esta nueva historia de la vida de los Safdies. “Go get some Rosemary” sigue a Lenny ( un maravilloso Ronnie Bronstein), un padre soltero que pasa solo dos semanas al año con sus hijos. Cuando veáis la película entenderéis por que incluso dos semanas pueden ser demasiadas.


I Killed My Mother”, de Xavier Dolan-Tadros

Un descubrimiento en Cannes. La opera prima de Xavier Bolan-Tadros (20 años) barrio en la Quincena del Director, consiguiendo cuatro premios. La historia (semi-autobiográfica) narra las vivencias de un joven homosexual en tensión con su madre.


Se que solo son 6, pero me reservo las otras para la siguiente entrada. Mientras tanto os dejo una pequeña recomendación musical: Danger Mouse and Sparklehorse - Dark Night of the Soul.

martes, 26 de mayo de 2009

Reestreno


Hacía tiempo que no me sentaba tan bien un cigarrillo. Terminó la película pero aún recordaba las palabras que aquel tipo le dijo al otro tipo: "ya nunca volverás a ser joven". Como en un partido de fútbol, en el que los dos rivales, se estudian, se miden, se respetan e, incluso, se sonríen descaradamente descargando la tensión de los primeros compases del juego. Sólo quince minutos de metraje y ya se lo habían cambiado todo. "El graduado", el segundo tipo que escuchaba al primer tipo, hablarle sobre algo que desconocía. Qué poco importaba como se llamara cualquiera.

Como decía, el cigarrillo se consumió. Voló y cayó donde tenía que caer, a donde la providencia lo dirigiera, eso ya, no era asunto mío. El caso es que seguía pensando sobre qué escribir. Sobré qué decir. O quizás simplemente me apetecía escribir algo que me apeteciera leer. Algo sobre algo. Me topé con el ordenador y de nuevo desempolvé la vieja carpeta de los clásicos. En honor a la verdad, diré que no era mi intención ver lo que vi. Y mucho menos descubrir lo que descubrí. Como ya viene siendo habitual, se ha perdido la vieja costumbre de mirar en la estantería los viejos VHS apilados, sin ningún tipo de orden, caóticos encuentros entre el que quiere mirar y quien desea ser visto. Así que, volviendo a la era moderna, donde todo se condensa en nada -apenas unos centímetros cuadrados de disco duro- entré en la carpeta de los clásicos. El orden, victorioso ante el caos, dividía los sueños de la A a la Z, sin ningún miramiento. "Alguien voló sobre el nido del cuco", se tornó como primera opción. Pero no estaba para manicomios. Necesitaba aún salir del mío propio. "Érase una vez américa", despertaba en mi cierto interés, pero no quería trasnochar de nuevo, esperando cuatro horas hasta los créditos finales. "Los pájaros","La ventana indiscreta", "Psicosis", "Vértigo"... que me perdone Alfredo en esta ocasión si no acudo hoy a su iglesia. Y cuando la Z llegaba, inexorablemente y a punto estaba de cerrar la ventana, desando los pasos y ahí está. "El graduado". La había obviado en un primer momento. E incluso cuando la volví a divisar, apunto estuve de regalarle la segunda espalda de la tarde, pero me dije, ¿por qué no?

No hizo falta rebobinar nada. Doble clic. He de decir que poseo el original. Pero la tenía prestada. Siempre he dicho que en casos de extrema urgencia, hay que tener copias de seguridad por si necesitara uno arreglarse el corazón o destrozárselo de una vez. Comienza la película. Plano secuencia. Aeropuerto. Simon y Garfunkel, Garfunkel y Simon si lo ordenara mi archivo, entonan el "Sound of silence", archiconocido himno de una generación que ya no es la nuestra. Dustin, a la derecha de pantalla. Es llevado, por una cinta transportadora, hacia un sitio, al que aparentemente no quiere volver. La fuerza del plano se lo lleva de una vez por todas. Ya está en casa. Graduado con honores en la facultad. Todos celebrando su futuro. La cámara se cierra sobre él, atrapándolo. Sin respiro. Sin ningún tipo de auxilio. Hasta que llega ella. La señora Robinson. Esposa del primer tipo al que nos referíamos, ahora sí, bien denominado señor Robinson. Hasta aquí todo bien.

Para los que no hayan visto la película, yo llegué unos 19 años tarde al estreno, les diré que en este inicio arrollador que propusoMike Nichols, su director, la señora Robinson hace todo lo posible por seducir al joven muchacho. Al inexperto Benjamin Braddock. El mismo inexperto que todos fuimos cuando, por primera vez, vimos algo desnudo ajeno a los reflejos del cristal.

Más tarde, cuando a Benjamin ya sólo lo llaman Ben, dispone en su haber de una mujer casada y de la hija de la misma, cuando el tabaco, el alcohol y el verano parece que no fueran a desaparecer jamás. Pero septiembre siempre espera a la vuelta de la esquina. Vuelven los días grises, las clases, las decepciones y los asuntos pendientes del curso anterior. Pero a eso a Ben le da bastante igual. Porque aún no sabe qué hacer con su vida. Sabe lo que quiere pero todo se ha marchitado. Ha elegido la juventud, la vida, la libertad, los ojos de la muchacha de Berkeley. La misma hija de la madre con la que pernoctaba en un cuarto de hotel. Sexo, sólo sexo, esgrime Benjamin, que ya no quiere llamarse Ben, a los cuatro vientos, los mismos que acarician el pelo de la joven que lo mira esperando un milagro.

Milagro que no sé si llegará a o no. Ya les dije que llego 19 años tarde al estreno disfrazado de Ben cuando siempre quise llamarme Benjamin.

26-V-2009
David Orea: A años luz de cualquier lugar.

lunes, 18 de mayo de 2009

"Te veré surfear de nuevo, con tu traje de sirena y tu tabla plateada"

lalala
Título: Iván Ferreiro. Foto: Fuente de los sufistas en La Coruña, extraida de http://picasaweb.google.com/

Escribe: Roberto (entrada 18 en el 18 de Mayo de 2009).

Todos hemos dicho alguna vez: “es que no estoy preparado para esto”, sin entender que la vida es un soldado que antes de preguntar dispara. Como esperando que las cosas antes de pasar nos llamaran a la puerta y nos permitieran observarlas por la mirilla y decidir si las abrimos o no. Sin querer comprender que la vida no nos permite vivir sin haber roto antes 4 ó 5 mapas.

La vida es como nuestro vecino de al lado, la mayoría el tiempo hace sus cosas y nos deja a nosotros tranquilos, pero a veces se planta en nuestra propia casa. Con suerte será una vecina guapa que nos pide sal, con mala pata será el pesado del B que nos advierte de que hay goteras.

Nadie está preparado para nada. No lo estaba Calamaro para ser un chico abandonado, ni Rick para volverse a encontrar con Irma en su bar de Casablanca. Pero Calamaro se quedó solo e Irma llegó…y se volvió a marchar.

Y a veces debemos dejar de pensar en la vida y vivir un poco. No pasarnos el día pensando en cómo era todo antes, si no en cómo puede ser ahora. Dejar de ser surfistas pensando en aquella ola que alguna vez cogimos pero que ya no va a volver. Dándole vueltas a la ola pasada, mientras las olas llegan y llegan a romper en la orilla. Sin ver que la espuma que ahora nos recorre los dedos ya no es la de aquella sino la de éstas. Y sin percatarse de que aunque cada ola es diferente, todas están hechas por el mismo agua y que, por lo tanto, la ola puede volver en cualquier momento, quizás con menos sal o con algas o con peces que antes no estaban, pero la ola volverá a la orilla como Irma vuelve al bar de Casablanca…para volverse a marchar.

Fuimos chicos fuertes. "Caminamos por colinas de cebollas y metal", pasamos arenas movedizas, "corrimos por Madrid detrás de algún balón", hicimos el amor en las aceras. Y lo seguimos siendo, más viejos ya, pero aún tan infinitamente jóvenes como para morir cada día y volver a nacer, con muchísimas más olas y algas y peces aún en nuestro futuro que en nuestra corta biografía marítima.

La mayoría de nuestros problemas tienen literatura. La mayoría del tiempo nos lo pasamos pensando en problemas hermosos y literarios. Una chica que se fue, un sueño que no salió del todo, un amigo que nos falló. Pero hay gente con problemas realmente serios y sin nada de literatura.

A nosotros también nos llegarán los problemas auténticos pero, de momento, todo va a ir bien (te lo prometo).

Es momento, por tanto, de que Sam la vuelva a tocar, de buscar nuevas colinas y nuevas arenas, de quitarte otra vez el tanga en una acera.

De volver a correr por Madrid. Esta vez el balón, lo pongo yo.

PD1: Un recuerdo para Antonio Vega y para Mario Benedetti, dos surfistas que hicieron literatura de problemas que en absoluto la tenían.
PD2: Para compensar lo poco que estoy hablando de cine últimamente, una recomendación: la filmografía de Wong Kar-Wai, emocionante, reflexivo y maravilloso director chino.
PD3: A quien le interese hay un reltillo que habla sobre estas cosas, de cómo un ratón busca un nuevo queso:

http://personal.telefonica.terra.es/web/ideasmuertas/relatos/donde%20est%E1%20mi%20queso.htm

jueves, 7 de mayo de 2009

El Desencanto - o la falta de originalidad para poner un titulo.

Hace tiempo que debería haber escrito en el blog, pero realmente no se me ocurría nada sobre lo que escribir. Tampoco es que ahora sepa muy bien hacia que tema me dirijo, pero la presión es excesiva, así que tomare la primera salida que encuentre.


Estos días son un poco deprimentes, no pasa nada y no parece que vaya a pasar mucho. Es duro levantarse todos los días sin tener un objetivo claro ni un sitio al que dirigirse. Dentro de lo malo, no es por que seamos unos ineptos, sino por que de donde no hay no se puede sacar. Somos más de cuatro millones (que se dice pronto) los que estamos así. Y que conste que esto no es una critica política ni nada por el estilo, ni voy a desvelar las soluciones de la famosa crisis. Esto es, ahora más que nunca, el espíritu del desencanto.


Quizás sea un buen momento para contar como surgió esta locura del blog (y el resto del desencanto) que algunos leen con cierta asiduidad, lo que no deja de sorprenderme. En estos meses mucha gente me ha preguntado por que meterse en una movida como esta, y especialmente en esta época en la que no hay trabajo. La respuesta es la propia pregunta, no había (ni hay) trabajo en “lo nuestro”, así que por que no agarrarse los machos y tratar de hacer cosas. Al menos siempre sera mejor que estar en casa mirando el techo y la ceniza acumulándose en el cenicero.


Pero siendo del todo sincero, en estos meses que llevamos tampoco ha ocurrido nada especialmente significativo. Tenemos material, tenemos ganas, ¡Incluso gente que nos pide cosas!, pero seguimos más o menos igual, desencantados.


Corrección: me acabo de dar cuenta que estoy hablando en plural sin contrastar mis fuentes (quizás valdría para periodista del corazón...) así que, hasta que se demuestre lo contrario, el único desencantado soy yo.


Pero en esta sucesión de días sin significado y demasiado similares entre ellos, algo mantiene la esperanza o, al menos, deja los muebles en su sitio. En este punto cada uno tiene sus preferencias, ya sea el fútbol, la música, la cerveza, el cine... o una combinación de todas. La mía es una mezcla extraña y variable, pero este fin de semana me sentí como antes de que el desencanto entrase a formar parte de mi, quizás fuese la cerveza, la música o el barullo de cuarenta mil personas moviéndose, pero mereció la pena.


Y ahora queda esperar a ver si pasa algo.


“Down In Albion”


pd. tanto tiempo para terminar escribiendo esta chorrada...

jueves, 23 de abril de 2009

Lost In Translation - V.O.S ó S.O.S


Todo comienza por el principio. Todo sucede, fluye, recorre, anda, camina, siente y sueña desde el punto de partida. Un taxi. A media noche. Una ciudad: Tokio. Un ciudadano americano en mitad de un circo desconocido, colorido, mecánico, poblado de hombres y mujeres, millones de costumbres, ajenas al protagonista, ajenas a occidente.

En el nido de rascacielos, en una de sus alturas, la más elevada, un hombre, está sentado sobre una cama en la que duda caber, vistiendo un extraño kimono verde y aislando sus pies de una fría moqueta con dos estúpidas babuchas blancas. Bob Harris, esa estrella del cine americano, acaba de aterrizar en Japón.

A sólo un par de muros de allí, Charlotte, una recien licenciada en filosofía, comparte las noches con su marido fotógrafo, del cual poco hay que destacar, salvo su profesionalidad detrás del obejtivo y su desastrosa manera de tratar todo lo demás.

Dos maneras. Dos mundos. Dos seres diferentes. Un ascensor y una barra de un bar. Cuatro whiskys y un gin tonic, diez cigarrillos, la ironía, el desconocimiento, la soledad y el inmsomnio unirán a estos antagonistas de ellos mismos. El maduro con alma de joven, la joven muchos años mayor de lo que pensaba, confluirán, vivirán, codo con codo, a muchas millas de cualquier cosa conocida.

Plano sobre plano, la directora, plasma magistralmente los momentos que envuelven esta relación tan atípica, producto de la raigambre tan alejada de los protagonistas. Buscando la verdad en todo lo desconocían.

Momentos de narración fílmica irrepetibles. Planos cargados de la nada en la que sucede todo. La vida pasa por el objetivo de Coppola, fugaz e irreparablemente con la nostalgía de estar viviendo en un sueño pasajero. Todo sucede tan léntamente deprisa que a uno no le da tiempo a despedirse de la persona que creía ser antes de visionar la película y saludar a la que se ha convertido cuando se baja el telón.

Cuando todo parece volver al principio, cuando el mismo coche abandona la jungla de cristal y el gris color de los anuncios publicitarios de las primeras horas del día, donde el neón deja de tener sentido, uno se da cuenta que ha dormido más de lo habitual, que en lo mejor del sueño, cuando a punto ha estado de comprender lo que tenían que decirle, se diluye y el negro de los créditos nos transporta de nuevo al punto de partida. Donde todo sucede. Todo fluye, recorre, anda, camina, siente y sueña.

David Orea
Lost in Madrid