viernes, 25 de diciembre de 2009

The Sopranos - Don't stop believing

Escribe: Roberto

Pocas, muy pocas veces una película ha conseguido tanto. Muy pocas veces, el último minuto de una película me ha dejado tan trastocado, tan hipnotizado, tan cautivado, tan perdido… Muy pocas veces una película ha conseguido que me quede días dándole vueltas y vueltas al asunto, como si de pronto fuera consciente de haber presenciado algo inmenso, intangible pero que podemos tocar con la punta de los dedos.

Y es que, en realidad, todo esto no lo ha conseguido una película, sino una serie de televisión. Mejor dicho, "la serie de televisión". Pero como dice Carlos Boyero, esa joya de la HBO creada por David Chase llamada Los Soprano es, en realidad, una película de 4300 minutos. Él incluso asegura que es una de las 10 mejores películas de la historia. Yo no voy a entrar en listas esta vez. Sólo diré que sin duda Los Soprano es verdadero Cine, en letras mayúsculas.

Al presenciar el último episodio de esta familia que ha acompañado a la mía durante tantos años me he quedado vacío, aunque, por otra parte, sé que algo se ha quedado dentro de mí y que ya no se irá nunca.

Como una buena novela, como una mala chica.

Que nadie se confunda, no estamos hablando una simple serie de mafiosos. Es una obra mayor sobre América. Sobre la violencia, la complejidad del ser humano, el matrimonio, la paternidad, los lazos sentimentales, las raíces, el poder, el amor y, por encima de todo, la familia. Sobre esas personas unidas por lazos de sangre que conviven bajo un mismo techo y que pasan las Navidades juntos.

Ver Los Soprano no es cualquier cosa, es una experiencia única e irrepetible. Por supuesto, no desvelaré nada sobre el final que ha sido tan controvertido. Sólo diré que me ha parecido un cierre magistral para esta obra de arte. La última temporada contiene nueve capítulos, nueve obras maestras. La última escena, es más emocionante que el 90 por ciento de películas que podemos ver en los cines.

Supongo que vosotros también lo necesitáis… O quizá no, quizás tengáis suficientes paraguas en la vida real como para no mojaros cuando llueve. Pero me temo que no. Me temo que, como a todos, a veces se os rompen las malditas varillas. No os preocupéis, conozco un refugio en el que te puedes quedar siempre que quieras. Allí no llueve, ni cobran entrada.

Pasad adentro, poneos cómodos.

Allí veréis al boss Tony Soprano. Si está de buenas os llevará al Bada Bing a ver a las chicas, si está de malas os volará la tapa de los sesos; pero no le tengais miedo si le tenéis respeto. A su lado estará Carmela, si os mira con mala cara hacedle un buen regalo, os dará el mejor provolone italiano. Si queréis gente más joven iros con A.J. a su coche, habrá un disco de Bob Dylan. Si Meadow aún no ha llegado tened paciencia, que es buena chica, aunque para aparcar necesite tres intentos.

Os esperan noches legendarias a su lado. Si nunca habéis entrado estarán encantados de recibiros. Si como yo, ya habéis estado por allí, siempre tendréis una puerta abierta y siempre la querréis volver a abrir.

Si es de noche (los refugios se suelen necesitar cuando ya se ha puesto el sol ahí fuera) y no véis con claridad, agudizad el oido, estará sonando Don't stop believing, de Journey.

Joder, muchachos, se os van a poner los pelos de punta, ya lo veréis.

Eso sí (no les contéis que os lo he dicho, este tema les pone un poco nerviosos), tened cuidado, porque en ese refugio, como en todos lados, las cosas llegan de repente y ni si quiera las oyes cuando pasan.

Ah, y si no habéis cenado y queréis picar algo pedid aros de cebolla.

Tienen los mejores del Estado.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

25 mujeres... 50 tetas




No iba a decir mucho más de todo esto. No es que mi tiempo valga más que eso, ni mucho menos, es tarde pero el sueño y la cama están muy lejos. Pero sé que ahora, que aún tengo en la retina los títulos de crédito que fundieron a negro, puedo contarles lo que un espectador medianamente cuerdo podría decirles: "Siete euros menos y un bolsillo vacío".

Una vez me dijo un amigo, que ya no vive muy cerca de aquí, que uno y uno son dos. Que dos, son los senos que porta una mujer y que conviven con ella el resto de su vida si el bisturí lo permite. Que ese par, si son tetas, es una mujer y que veinticinco si son mujeres suman cincuenta. Nunca rebatí tal afirmación. Era lógico, coherente, incluso formal si uno lo piensa dos veces. Al fin y al cabo, sólo nos quedan dos manos. Sin alejarme demasiado del concepto, pidiendo disculpas a desmano por lo que de machista tiene la pura lógica aristotélica, afirmamos que lo claro es claro y lo que no está claro pues no está claro. Si hablamos de gracia, o la tiene porque te toca alguna fibra o definitivamente no la tiene. Creo haber encontrado algo que no la tiene: Spanish Movie.

David Orea
24-12-2009

Una des-gracia.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Bacalao y Centollos. Muros y Rejas.

espacio
Escribe: David

Nota a pie de nada: Si estás agonizando, no te recomiendo que pierdas tu tiempo leyendo esto, no será nunca lo mejor que has leído, si acabas de nacer no aprendas a leer para entender esto, si estás en la adolescencia, emborráchate y pasa de estas líneas pero no te metas en otras más peligrosas. Si ya eres adulto y te preocupa tu hipoteca, tampoco será imprescindible para convencer a tu banco de que te de más tiempo… Si estás atrapado no te dará la llave de nada. Para todos los demás:

“El Concepto es el concepto. Y como te digo una cosa te digo la otra”. Sé, que por estas líneas, recibiré críticas por mi crítica. Pero qué le vamos a hacer. Después de meses en el dique seco vuelvo al blog no sin antes pedir disculpas por mi ausencia. Un disco, una mujer y ningún revolver después de todo y por alusiones a Roberto…

El otro día, tuve un accidente, nada grave, no se preocupen. Me estrellé contra el Airbag y no pasó nada. Quiero decir y sin utilizar una manida metáfora, que tuve una revelación gracias a aquella película, llamada como el famoso sistema de seguridad y firmada por el mismo Juanma Bajo Ulloa. Voy a serles francos, no he visto nada más de ese señor. No por el sabor de boca que me dejó la cinta estrenada en 1996 y que tuvo una excelente acogida por el público y una exacerbada crítica por parte de los llamados expertos-gurús-cahieristas-cinematocultos-del-séptimos-arte, no, no es por eso, sino porque simple y llanamente no conocía nada más suyo y no hice intención de buscarlo. Ahora y sin el complejo de aquellos años que no son tan lejanos, compruebo como dos de los tabloides más importantes de los medios de comunicación nacional, El Pais y El Mundo, coinciden por primera y última vez en sus contenidos: “mala”. Taxativamente mala según Carlos Boyero (el del poco serio: “El Mundo”) y Ángel Fernández Santos (el del menos serio: “El país”). Y yo, que escribo cuando puedo en este blog (el menos serio de todos, se lo digo en serio), me sumo a la acogida del público general, que se va sonriendo y sin pensar a la salida del cine. Aunque bien es cierto que la he visto en DVD y no hace demasiado tiempo. Y a ustedes qué carajo le importa ahora una película del 1996, ¿verdad? Pues bien, he de decirles que no se equivocan, no tiene absolutamente nada que ver con lo que voy a contar a continuación. Simplemente diré, una vez, más que me divertí mucho con Karra Elejalde, Fernando Guillén Cuervo, Alberto San Juan y, los que para mi gusto, fueron los ejes y pilares de la película: Karlos Arguiñano y Manuel Manquiña. Merluza a la Vasca contra Centollo Gallego: con dos cojones. Creo que ya es mucho decir, a día de hoy, contando que una película te ha hecho reír y olvidar.

Y, como siempre se necesita un nexo con lo siguiente que se va a contar, un hilo de Ariadna que seguir para no perderse en este mal llamado laberinto, que no es más que el caos en el que nos vemos sumidos y el fino abismo que separa una idiotez de una tontería, diré, que lo único en común que tiene lo que he dicho y lo que voy a decir es que juraron la misma bandera. Bajo la patria, también mal llamada España se han parido estos dos filmes. En una esquina Airbag, en la otra, Celda 211. Ojalá que el árbitro permita llegar a los puntos… Sino una de las dos caerá malherida.

Celda 211. Veamos… ¿Puedo empezar por el final? No por el de la película, claro está, eso tendrás que descubrirlo. De hecho, deberías salir de tu hogar en estos momentos y ocupar una butaca del cine. No te la bajes por Dios, no te la bajes…

Pues el final del que te hablo es el comienzo de mi historia al salir de la sala de proyección. Un centro comercial atestado a última hora de domingo deja paso al desconcierto y al silencio de un parking subterráneo. Columnas, luces de fondo, y más columnas de frío hormigón que chocan desde la distancia unas con otras. Recorres la inmensa estancia y convives con el eco de tus pasos y las columnas continúan convergiendo y dibujando extrañas configuraciones en la que unas se esconden detrás de otras y esas otras aparecen y emergen y no dejan de moverse estando quietas. Llego al coche. Y ya dentro arranco el motor y desparezco. He conseguido librar la primera de las puertas. Pero todavía no he salido de la celda. Tengo un problema: me acabo de hacer amigo del carcelero y, créeme, es un mal negocio.

Volviendo al principio, cuando se apagan las luces del cine, acaban los trailers y comienza el rugir de los voraces palomitóvoros, algo empieza a gritar en silencio. El primer plano sobrecogedor de Celda 211, con un público entregado al tétrico zumbido de un altavoz mudo, nos dibuja a un preso ultimando los detalles de su despedida del mundo. Un mechero y un cigarrillo hacen las veces de horca, guillotina y afilado cuchillo. Las venas, autopistas de una sangre envenenada, empiezan a derrumbarse, se abren y todo aquello empieza a derramarse sobre un desvencijado lavabo que recoge lo que su portador anda despreciando desde hace un tiempo. La vida se escapa por una tubería de una cárcel cualquiera y termina enterrada entre los despojos de todos y cada uno de sus habitantes. Allá donde confluye el miedo, las lágrimas, el odio, el pan y las ayunas, los días de vis a vis, y todo ello, bajo la corriente que algún día llegará lejos de las fronteras del muro del presidio. Dije que terminaría de una vez con las metáforas o con la intención de crearlas, pero bueno, para ser más claros, su sangre quedó allí bajo el dominio de una cañería que pronto desembocaría en algo mejor que aquello. Y creo que con eso, ha superado a “2012”, “Luna Nueva” y, aunque me duela, la anterior “Airbag”.

Ni que decir que, después de minuto y medio de secuencia, todo lo demás fue hilándose, maquinalmente hasta convertir esta película (probablemente lo mejor que se ha hecho este año a nivel nacional), en algo digno de ser visto, al menos, una vez. Luego, todo lo demás, la dirección de Daniel Monzón, del que si que buscaré mucho más (no se me ofenda Bajo Ulloa) un auténtico espectáculo de versatilidad y dominio de la escena, los tiempos y la perspectiva del filme.
Además de la figura del director, que consigue algo sobradamente exquisito, que es pasar totalmente desapercibido durante la dos horas de metraje sin tomarse ninguna licencia y respetando al cine con mayúsculas y la regla de los clásicos directores del género hay que añadirle el rostro y protagonista a la historia; Mala Madre, interpretado por Luís Tosar. Impresionante. Sin pestañear afirmo que resulta sobrecogedora la interpretación de este gigante que ya nos sorprendió en Los Lunes al sol entre otras.

Carlos Boyero, que curiosamente trabaja ahora para El País, afirma que se trata de “Una de las mejores películas que ha hecho el cine español en mucho tiempo”. Sirva como juez a pie de ring.
Poco más he de decir al respecto, id a verla y disfrutar de la libertad entre rejas al menos durante dos horas. Y recordad, que, cuando una reja separa dos límites y a cada lado se encuentra una persona, cada uno de ellos es carcelero...pero, irremediablemente, también se convierte en preso.

David Orea Arribas
16-12-2009
Con la condicional.

domingo, 29 de noviembre de 2009

El secreto de nuestros ojos

espacio
Escribe: Roberto

Hay algo fundamental en las películas que he aprendido hace poco: es tan esencial que el protagonista tenga un deseo como que tenga alguna posibilidad de conseguirlo. Es la única manera de que nos identifiquemos con el personaje, de que realicemos el viaje de su lado. Si no, nos quedamos fuera.

Es como un partido de fútbol. Si uno de los rivales pierde por 3-0 al minuto 15 el partido está muerto; porque ya no hay inquietud. Es decir, ya no hay nada. Podemos dedicarnos a atender otros aspectos: el buen juego de un equipo, la calidad de un jugador, los cambios del entrenador… pero lo importante, la emoción, la expectativa, ya no existe.

Ese es el principal handicap de “Paranormal Activity”. Una película escrita y dirigida por el debutante Oren Peli, de escaso presupuesto y que se ha convertido en un fenómeno de masas en todo el mundo. Destaca por una ingeniosa y barata concepción formal, en la que todo lo que vemos es grabado por uno de los dos protagonistas.

La película tiene un argumento muy claro: una pareja de jóvenes pijos sospechan que ocurren fenómenos paranormales amenazantes en su mansión mientras están dormidos. El chico tiene una idea: comprar una cámara para poder grabar la habitación mientras duermen y así ver, por la mañana, qué demonios ocurre mientras ellos se entregan al sueño. Bien. El problema es el siguiente: la primera noche ya consiguen lo que se proponían: graban pruebas claras de que algo extraño sucede en casa. El fantasma empieza a mosquearse y de hacer pequeñas travesuras con la puerta pasa a atentar contra los protagonistas. Ahí sería evidente el nuevo deseo de la pareja: quitarse al fantasma de encima. Y una vez que el fantasma se pone todavía más peligroso el deseo debería ser todavía más claro: sobrevivir. Pero no ocurre nada de esto. La pareja espera al fantasma como un joven marido a su suegra en la comida del dmingo: con total resignación.

Cada noche los protagonistas dejan la cámara grabando, apagan la luz y se ponen a dormir. Comienzan a sonar efectos de sonido por si hay algún imbécil en la sala que no se da cuenta de que (como cada noche desde que empezó la película) ahora viene el susto. El fantasma llega, hace sus cosas cada vez más peligrosas, ellos se asustan, dicen: “me cago en la leche, este fantasma no nos deja tranquilos”; el chaval (al que en realidad estás deseando que el fantasma lo mate de una vez) le dice algo al espectro del tipo: “te vas a enteras cuando te pille, hijo de puta”, amanece, se lamentan de su suerte, pasa el día y…. ¡¡¡¡se vuelven a dormir!!!! Con dos cojones.

Es decir, no hacen nada para intentar escapar del fantasma, o atacarlo, o algo. Nada. Y el espectador los mira desde fuera sin conexón emocional alguna, porque no hay identificación, porque no hay expectativa. La película la domina el fantasma y lo único que le queda a los personajes y a nosotros mismos es esperar el susto y ponernos a dormir de nuevo.

Como he dicho antes, si esto fuera un partido y viendo que la emoción está perdida, comenzarías a atender otros detalles. En algunas películas que también sufren esta falta de identificación (en ocasiones justificadas porque premeditadamente juegan a ese juego), hay otros elementos que hacen que la cosa, aunque sea fría, al menos merezca en algo la pena. La música, la fotografía, los actores… algo. Pero aquí no hay nada a lo que mirar mientras la ves. Sólo una sarta de estupidez y sinsentidos que no merece la pena detallar (destaca la absolutamente ridícula escena del crucifijo para propiciar el previsible final).

Por otra parte, la idea de grabar todo desde la cámara del protagonista pronto se descubre artificiosa y boba. En este sentido y, por cercanía temática y temporal, podríamos hablar de REC. Una película eficaz, muy bien realizada, emocionante dentro de sus limitaciones (de los que la propia película es consciente) y que consigue lo que se propone: ser, ni más ni menos, una buena película dentro del género.

No entiendo como "Paranormal Activity" ha funcionado tan bien y, aún menos, como algunos críticos la han ponderado de forma considerablemente positivia. En mi opinión, la película demuestra que la conexión con el espectador depende más de un buen guión que de una cámara subjetiva que no deja de moverse.

Para acabar quisiera referirme escuetamente a otras películas que he visto últimamente y que sí merecen la pena.

La primera de ellas (aún en cartel) es la última del director argentino Juan José Campanella (“El hijo de la novia”, “El mismo amor la misma lluvia”). “El secreto de sus ojos” es una película estupenda. Una obra realmente importante, de las que dejan huella. Está llena de verdad, de moral, de oscuridad, de actores, de personajes, de humanidad, de cine. Posee un guión maravilloso y una realización espectacular (ojo al impresionante plano secuencia en el campo de fútbol). Y tiene uno de los mejores finales que he visto en mucho tiempo. Una obra mayor que se disfruta mientras se ve y que crece en la memoria con el paso de los días.

¿Por qué me he dedicado a hablar de lo mala que es Paranormal Activity en vez de hablar de lo buena que es "El secreto de sus ojos"? Supongo que porque todo lo que tengo que decir sobre ella cabe en un consejo: id a verla.

Por último, otra película a la que me gustaría referirme es “Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto”, de Gary Fleder. Es una película de gángsteres de 1996. La cinta tiene grandes lagunas en la historia que son las culpables de que no sea recordada como una película realmente valiosa. Pero a mí me ha gustado mucho verla por distintas razones. Por su tono, por su frescura, por su poesía, por su galería de personajes perdedores, por sus actores (Andy García en uno de sus mejores papeles, Christopher Walken encarnando a un villano memorable, Steve Buscemi como un extraño asesino a sueldo) y por un ángel que sobrevuela el filme llamado Gabrielle Answer.


PD: Escribo estas líneas huyendo de los programas deportivos tras la derrota del Madrid en Barcelona. Hemos perdido a pesar del buen juego, “así son las cosas”, como dice constantemente “Jimmy el Santo” (el personaje de Andy García en "Cosas que hacer en Denver..."). Pero me gustaría añadir algo al respecto: hemos hecho un buen partido, hemos luchado por la victoria y la merecimos a pesar de no haberla conseguido; o lo que es lo mismo, hemos tenido emoción, identificación y expectativa. Fútbol, cine, vida. El secreto de nuestros ojos.

martes, 20 de octubre de 2009

7 directores, 6 mujeres, 2 libros y una pistola


Escribe: Roberto (esto es lo que se llama "apropiación de un blog compartido").

Vamos a hablar un poco de cine, que ya va siendo hora, y dejemos un poco la literatura, ya sea por necesidades del guión o por mera incapacidad. Sea como sea, es lo que toca. Jean-Claude Izzo dice en su estupendo libro “Soleá” que lo que se puede comprender se puede perdonar. Así que espero que entiendan la exagerada extensión de esta entrada, han pasado dos meses…

Malditos Bastardos – Quentin Tarantino


Con las últimas películas de este hombre me viene pasando algo curioso: acaba la proyección y no tengo muy claro si lo que he visto me ha gustado o no, ni si en las últimas dos horas he disfrutado o me he decepcionado. Necesito el paso de los días para que la balanza se vaya inclinando hacia uno de los dos lados.

Con los "Kill Bill" cayó del lado positivo y con "Death Proof" del lado totalmente negativo.

Con "Malditos Bastardos"… el peso se ha quedado en la mitad. No pude evitar la misma sensación que he tenido con las anteriores películas de Quentin: ver a un genio haciendo el bobo, ver a un grande limitándose a contar un chiste que encima no tiene mucha gracia. Como si Zinedine Zidane volviera a los terrenos de juego y se dedicara a jugar al “culete”.

La película tiene cosas que están muy bien y cosas que están muy mal. Los géneros elegidos esta vez por Tarantino podrían ser el Spaghetti Western y la Farsa o el humor absurdo. Y creo que en lo segundo falla estrepitosamente. Y no es que no pueda intentar hacernos reír, es que no tiene ni puta gracia. De este modo, escenas realizadas como muy pocos son capaces, conviven con verdaderas estupideces sin valor ninguno. Todo esto acompañado de una violencia desmedida a la que tampoco le veo mucho sentido. Aún así, hay momentos en los que "no he podido evitar" disfrutar,; algunas escenas están realmente bien.

Quizás, como dicen David y Jandro (a los que sí les ha gustado mucho "Inglorius Basterds"), la gran desgracia de Tarantino es que su segunda película (sin contar el maravilloso guión de Amor a Quemarropa) fue Pulp Fiction. Tocó techo demasiado pronto. Como si la volea de Zidane en la gloriosa noche de Glasgow la hubiese hecho cuando era tan sólo un alevín. Pero, en mi opinión, se le podría perdonar que no fuera capaz de realizar otra película tan brillante, pero lo que es imperdonable es que ya ni siquiera lo intente.

La que me gustó especialmente fue Mélanie Laurent (la gerente del cine -las dos fotos de arriba -) que está verdaderamente creíble y hermosa. (Daniel Brhul también está bien).

Ágora – Alejandro Amenábar


Lo primero que hay que decir es que "Ágora" es una buena película y que su director es un auténtico Director de Cine, así, en mayúsculas. Alguien que sabe lo que se hace y que maneja los elementos del lenguaje cinematográfico de manera inteligente. La película está bien hecha y tiene momentos realmente bellos.

Lo segundo que hay que decir es que es una película un tanto extraña, atípica, y que aunque no dudo que sea voluntario (sospecho que Amenábar sabe de esto bastante más que yo) para mí lastra la cinta y la convierte en una película, en cierto modo, fallida.

Han acusado a "Ágora" (algún crítico lo ha hecho, no así en las miles de entrevistas promocionales, pelotas y edulcoradas que le han hecho a Amenábar estos días y a las que obligará la necesidad de rentabilizar su increíble presupuesto) de falta de emoción. Y creo que es verdad (aunque como ya digo imagino que será algo, más o menos, intencionado, pero para mí también es algo, más o menos, erróneo). La causa de esta falta de emoción me parece que es la ausencia de una trama central que seguir y con la que identificarnos. Su personaje principal carece de una historia que el espectador pueda sentir como propia y así llegar a la emoción. En la película, Hipatia (guapísima Rachel Weisz -foto-) investiga, enseña, estudia…en fin, hace sus cosas, sin involucrar al espectador en ningún conflicto.

Es una película casi divulgativa y por lo tanto exige mucho del espectador. Me extraña que Amenábar, un director tan preocupado siempre por el público y consciente de la necesidad de darle algo con lo que entretenerle, no nos haya dado en esta ocasión ningún palo que morder, ninguna barca por la que navegar el interesantísimo río de Ágora. Quizás la pretensión es que esta barca (esa trama a la que engancharnos) fuese Davo (el esclavo protagonizado por Max Minguella), pero no creo que lo consiga. Aún así, esa ha sido su elección y resulta basante interesante.

Lo que sí está claro es lo que pretende Amenábar: atizar un soberano palo a las religiones en general y a la cristiana en particular. En su libro de conversaciones con Oti Rodríguez Marchante, Amenábar opinaba que un director tiene que tomar partido a la hora abordar un tema en una película, evitar quedarse en territorio neutro aunque sin llegar a caer en el panfleto. Aquí, desde luego, queda clara su idea: la religión es el mayor enemigo de la sabiduría. Cosa que se ha demostrado a lo largo de la historia (y a lo largo de los telediarios). Así, en la película no se habla, por ejemplo, de San Agustín, que si bien fue quien incitó a la lucha armada también destacó por su cultura e inteligencia.

Con todo, Ágora, es una película valiosa y valiente, divulgativa y bella, una “rara avis” en el cine español (a nivel de producción y dirección) e internacional (a nivel de intención divulgativa).

Si la cosa funciona – Woody Allen


La nueva de Allen es la de siempre de Woody. Una película lúcida y divertida. Una vuelta a su querido Manhattan y a sus comedias “made in Allen”. La película se sostiene, en gran medida, gracias a sus dos protagonistas. Por un lado, en el alter ego del director, Larry David. Por otro, la jovencita Evan Rachel Wood -fotos-. El primero funciona perfectamente como sustituo de Allen, aunque yo no puedo evitar imaginarme siempre al verdadero Woody. La segunda llena la película de luz y hace creíble un personaje bastante difícil de creer.

La película tiene un truco bastante interesante: no mostrarnos nunca la relación íntima entre los protagonistas (nunca les vemos dormir juntos), lo que nos hace dudar hasta el desenlace final de si ese viejo culto y amargado verdaderamente ha creído en lo imposible, lo que hace más hermoso su enésimo desengaño (es curioso esa tendencia de los personajes de Allen hacia el suicidio cuando ya están en la última fase de su vida).

El único “pero” que le puedo poner a la película (sabiendo que tampoco hay que darle muchas vueltas: es una simple comedia ligera), es que Allen no intenta comprender a sus personajes sino imponerles su doctrina, llevarlos de un prejuicio a su contrario. No basta con que un hombre paleto y reaccionario de la América profunda crezca como personaje y aprenda algo “del bando liberal”, es que tiene que convertirse, sin preámbulo alguno, en el gay más progre de Nueva York; al igual que su mujer (tan retrógrada como su esposo) no se conforma con abrir su mente, sino también, y de par en par, sus piernas.

REC 2 - Jaume Balagueró y Paco Plaza

REC 2 me pareció igual de divertida que REC 1. Además, ambas, son películas mucho más difíciles de hacer de lo que puede parecer. Consigue lo que intenta: asusta, entretiene, divierte... Bien dirigida y bien interpretada (no es nada facil hacer naturales los personajes de la cinta). Gran aparición de Manuela Velasco -foto-.

Buen y taquillero cine español.

"No dejes de grabar, Pablo; por tu puta madre".

Dos libros y una pistola

Recomendar dos libros maravillosos que me han regalado: “Armas, mujeres y relojes suizos” de Eduardo Torres-Dulce. Y “Sólo para mis ojos”, del maestro José Luís Garci. Ya hablaré más detenidamente de ellos cuando los termine. De momento (sobre todo el de Garci), una auténtica maravilla.

He visto dos películas de esas imprescindibles de las que había prescindido: “Cara de Ángel” (Otto Preminger, 1952) y “Retorno al pasado” (Jacques Tourneur, 1947) . Y sí, son tan maravillosas y perturbadoras como las mujeres que las protagonizan (Jean Simmons -junto a Robert Mitchum, abajo- y Jene Greer -más abajo- ) y como las que protagonizan nuestras vidas.

Acabo con unas palabras de Garci acerca de estas "femme fatale": Para mí, la mejor mujer pantera siempre será Jane Greer, la chica morena de "Retorno al pasado", la que hace que Mitchum y Douglas pierdan la cabeza de la misma forma que nosotros la hemos perdido tantas veces... con apenas gatitas.



Ya lo dijo Godard: Una película es una mujer y una pistola.

Y todas llevan una...

NOTA: A ver si escribe nuestro corresponsal en Londres...

martes, 18 de agosto de 2009

Trastorno bipolar (2)


Escribe: Roberto

Hola a todos, ya que soy el único que se ha quedado de guardia por Madrid, me permito adelantar a Jandro (al que le tocaba escribir y que espero tenga un hueco pronto) y volver a ser yo el que ponga algo por aquí. Y lo hago con unas cuantas líneas de relato-reflexión claramente inspiradas en la literatura de Ray Loriga. Pero bueno, como él mismo dice: "en este oficio hay que elegir con mucho cuidado a quien se plagia".

Ahí va:

Trastorno Bipolar (2)



Llevo toda la tarde escuchando canciones de amor. Ayer, con mis amigos, sólo hablé de amor. Cuando me acuesto y, al no poder dormir, sólo pienso en amor. Maldito sea el dichoso invento que persiste y se pega a la piel por dentro como una garrapata. Al carajo lo mandaba yo sin pensarlo ni un instante, que se vaya adónde le venga en gana y me deje a mí tranquilo.

Y vuelve a sonar otra canción y vuelvo a hablar de lo mismo. Me nubla la vista y me anula el olfato o, mejor dicho, me lo devuelve trastornado. Huelo la desgracia en sus fronteras y, sin embargo, me apresuro a sus trincheras como los soldados en las guerras, llevados más por las banderas que por verdaderas convicciones propias.

Ay, maldito seas tú y tus absurdas estrategias, tus planes que sólo tienen sentido en tu cabeza. Hasta el más tonto y bruto del portal sabe que en estas batallas, la victoria es cosa de dos. Y yo, tan alterado que ando por culpa del amor, me creo capaz de latir por dos corazones. Como si de tanto amar me fuesen a amar a mí. Como si de tanto amor que tengo dentro lo pudiera transportar a otras arterias y otras venas. Como si con mi amor pudiera revivir el amor ajeno, que, por desgracia y a pesar de mi insistencia, ya no me es propio. Aunque lo haya sido.

Y otra noche más a volver a casa derrotado, a no poder dormir y, en vez de desistir, dibujar planos imaginarios, jugadas que, a pesar de la experiencia y de la más que comprobada probabilidad de su derrota las creo, por un instante y para siempre, incapaces de fallar.

Qué lata que me está dando el amor. A veces, cuando me ducho, abro todo lo que puedo el grifo y me acerco la ducha a la piel lo más posible, a ver si se me resbala el amor y se va por el maldito desagüe. Cuando salgo desnudo hacia la cama creo que por fin se ha ido hasta que, sin saber cómo, lo intuyo agazapado en mi pecho y me pongo otra vez con la misma cantinela.

Con esto del amor no hay quien pueda.

¿Pero qué podría hacer yo sin él? ¿Qué iba a ser de mí? Me quedaría mudo y sordo y ciego y tonto. Pues sólo hablo de amor y sólo escucho sus sonidos y sólo veo sus luces de feria y sólo pienso en eso y nada más que en eso. Igual que los helicópteros necesitan la densidad del aire para arrastrarlo con sus hélices, yo necesito que el amor lo cubra todo para pisar en tierra firme.

Y dichoso yo y mi bendito amor y pobres de aquellos y aquellas que en vez de darlo todo por amor se limitan tan sólo a recibirlo, a aceptarlo o rechazarlo como si fueran gerentes de un puerto del que deciden a qué barco permitir el amarre y a cuál no, sin atender a la heroicidad de sus travesías ni a los méritos de sus tripulantes.

Sed misericordiosos con ellos porque ellos no tienen la culpa, pues así es su naturaleza; y pensad por un momento en la magnitud de su desgracia. Que cuando les dejen de dar amor se quedarán sin nada y nosotros nos iremos con nuestro amor a otra parte, buscando nuevos y mejores marcos para los retratos de nuestras obsesiones. O volveremos quizás a la misma persona, y el mismo corazón y la misma sangre, pero ya se habrán dado cuenta de que nosotros y nuestro dichoso amor, tan pesado y tan tonto que es el tío, haremos lo que nuestras propias locuras nos dicten y seremos dueños de nuestros propios errores y los más satisfechos en nuestras victorias.

Que nadie se engañe, es más fácil perseguir que ser perseguido, es más sencillo limitarte a seguir una sombra que decidir tú mismo los pasos a dar. Por eso, no les odiéis, pues son ellos los que tiran los dados mientras nosotros nos limitamos a mover las fichas. Y ellos son los que, en el riesgo que conlleva la valentía de sus movimientos, algún día pueden volver la cabeza y ya no vernos.

Que nosotros ya estaremos a otra guerra, o mejor dicho, a la misma guerra pero en otros frentes, que nuestro amor es nuestro y no queremos otra cosa.

Y no olvidéis nuestra ventaja y su faena: el amor que ellos reciben depende de nosotros y, el que damos nosotros, también.

Están en nuestras manos.

lunes, 27 de julio de 2009

Nueva York para ignorantes




Cuando piensan que eres idiota todo es más sencillo. Es decir, nadie piensa que te estás equivocando, simplemente piensan que eres un idiota. Nada más. Ayer me tocó ser un poco más idiota de lo normal y mi problema no es que nadie pensara por mí y me dijera: "¡eh, chaval! eres un idiota". No, no tiene mucho que ver con terceras personas. Está más cerca de los séptimos. De esa escala que establece un orden ordinal a cualquier tipo de manifestación artística digna de ser ordinalizada. Del siete. No de esos que silban en las ventas si la faena no ha ido como debiera, no, de eso que llaman cine.

16:27 horas de la tarde. Domingo. El sol quema y mucho. Bares que no cierran y cafés ardiendo sobre la barra. Camareros poco habituales que dejan paso al descanso estival de quien, casi durante todo un año, ha compartido la costumbre a la no queremos faltar y la que muy pocas veces suele renunciar a ti. Un café. Da igual que ardan los coches y las fuentes se abarroten de niños comiendo helados que sueñan con cubos y palas llenas de arena. El café siempre te espera. O casi siempre. Dos colegas. Que últimamente, por circunstancias, han fallado a la costumbre (o puede que sea yo) se apuntan a meterse en una apacible sala de cine para pasar la tarde. Quizás la costumbre haya cambiado de barman.

18:15 horas. Minuto 0. Trailers: "Resacón en las Vegas", nos promete las mujeres más deseadas del mundo; el vicio, el deseo, la acción y la aventura. Acto seguido, "Gordos" una película de Daniel Sánchez Arévalo, nos manda de nuevo al barrio. 12.000 kilómetros en medio segundo. Maldecimos a la industria y a las chicas de autostop en camiseta por no dejar ni que adivináramos un trocito de ombligo. Créditos iniciales. "Nueva York para principiantes".

19:55 horas. Créditos finales. De vuelta al bar. A otro bar. Es aún de día. Sigue siendo domingo. Pero soy otra persona. El camarero amablemente me sirve un refresco y charla amigablemente conmigo: "¿Qué tal la película?". Sorbo el refresco pacientemente, paladeo el sabor dulce y el regusto amargo queda en mi garganta. Sacó un cigarrillo. Lo enciendo. Le miro. Me mira. Muevo la cabeza de un lado a otro. Y le digo: "¿Jugamos una diana?", él me responde que sí. Me gana. Le gano. Empatamos. Hay quien sólo gana una sola vez y no le sirve para nada. Me voy del bar.

Cuando llego a casa. No hay nadie. La televisión encendida y poco más. Quedan dos horas para que al menos el fútbol arregle este tedioso domingo. Otro empate. Las estrellas, se estrellan y los de siempre son los de siempre. Y marcan pero empatan. Y empatan pero, de nuevo, sabe a derrota.

Sin cigarrillos. Con el reloj en equilibrio y luchando contra la gravedad para apuntar al número más alto, y las ganas perdidas en el primer sorbo de café, me meto en la cama y cierro los ojos.

0:00 - 7:35. "hoy me soñé al despertar que te follaba sin parar" pero, a alguien se le ha olvidado llamarme idiota...

27 - VII - 2009
David Orea : ¿Qué hora es?